Cuando pensamos en Día de Muertos, pensamos en las personas que ya no están.
Ponemos altares.
Encendemos velas.
Colocamos fotografías.
Recordamos historias.
Honramos memorias.
Pero... Y qué pasa con las versiones de nosotros mismos que ya tampoco están?
La persona que fuiste hace diez años.
La que se conformaba con menos.
La que vivía para cumplir expectativas.
La que tenía miedo.
La que sobrevivió.
La que construyó la vida que hoy habitas.
Porque no llegaste a este punto de tu vida intacto.
No tengo idea de las cosas que has tenido que pasar, pero estoy casi segura de que hoy estás aquí después de muchas despedidas.
Algunas visibles.
Otras invisibles.
Y las más importantes de todas son precisamente esas que nadie más ve.
En lo personal, estos últimos meses han sido de mucha reflexión para mí.
De cambios grandes.
De cierres importantes.
Y de también de un duelo profundo por algunas de mis versiones pasadas.
Dentro de esa introspección, como es costumbre, me hago muchísimas preguntas que me hacen ver las cosas desde diferentes perspectivas y por eso llegué a la conclusión de que esto que celebramos en este Día de Muertos, no tiene porque ser solo para aquellos que ya no están con nosotros físicamente sino también para nosotros mismos.
Si pusiera un altar para mis versiones pasadas...
No comenzaría con las fotografías.
🕯️Comenzaría con las velas.
Porque antes de dejar morir una identidad, algo tiene que iluminarla.
Tiene que existir ese momento incómodo de honestidad donde reconocemos que algo ya terminó.
Que seguimos aferrándonos a una versión que nos queda pequeña.
Que estamos intentando encajar en una historia cuyo ciclo ya concluyó.
La conciencia funciona como una vela.... no elimina la oscuridad de golpe; simplemente ilumina aquello que ya no podemos dejar de ver.
🌊Después colocaría el agua.
Porque toda despedida requiere sentir.
Y sentir implica permitir que algo se derrita dentro de nosotros.
Las lágrimas son agua.
La nostalgia es agua.
El duelo es agua.
Y no existe transformación real sin atravesar esas aguas.
🧂Luego vendría la sal.
Ese recordatorio silencioso de que toda muerte también purifica.
Hay cosas que solo aprendemos después de una despedida.
Y hay versiones de nosotros que no revelan su regalo hasta después de haberse ido.
La espiral de las siete muertes
A lo largo de nuestro crecimiento personal, todos atravesamos ciertos tipos de muerte emocional, psicológica o espiritual.
No necesariamente en orden.
Y tampoco solamente una sola vez.
Sino una y otra vez como espirales dentro de espirales.
| Muerte | Lo Que Desaparece | Lo Que Nace |
|---|---|---|
| La muerte de lo externo | Relaciones, etapas, trabajos, lugares | Adaptabilidad |
| La muerte de las certezas | Creencias y expectativas | Apertura |
| La muerte de la identidad herida | Mecanismos de supervivencia | Poder personal |
| La muerte de la identidad poderosa | La versión que logró salir adelante | Humildad |
| La muerte del futuro imaginado | Lo que pensabas que sería tu vida | Presencia |
| La muerte de la identidad espiritual | La necesidad de tener todas las respuestas | Expansión |
| La muerte de la necesidad de definirte | Las etiquetas | Libertad |
Primera muerte: Cuando la vida te quita algo
Esta es la más visible y la más común:
La relación que termina.
La ciudad que dejas atrás.
La oportunidad que no funcionó.
La persona que partió.
Son las muertes que todos reconocemos porque pueden verse.
Y cuando una parte de nuestra vida termina llega inevitablemente la misma pregunta:
¿Y ahora quién soy sin esto?
Segunda muerte: Cuando se rompe una certeza
Esta muerte ocurre en silencio.
Un día descubres que algo que dabas por verdad ya no lo es... o peor aun: nunca lo fue.
Que el éxito no significa lo que pensabas.
Que el amor no funciona como te enseñaron.
Que seguir las reglas no garantiza felicidad.
Nada ha cambiado aparentemente.
Y sin embargo, todo cambió.
Porque las creencias son estructuras invisibles.
Y cuando una se derrumba, rara vez cae sola.
Tercera muerte: Cuando dejas de sobrevivir
Este es el comienzo de las transformaciones mas profundas.
Cuando muere la persona complaciente.
La perfeccionista.
La salvadora.
La que se adapta para encajar.
La que se abandona para no perder amor.
Pero con el tiempo entendemos que esas versiones no eran errores: eran guardianas.
Hicieron exactamente aquello para lo que fueron creadas... nos ayudaron a llegar hasta aquí.
Y por eso merecen gratitud antes que juicio.
Cuarta muerte: Cuando la persona poderosa también termina su ciclo
Esta es una de las más difíciles y en lo personal, ha sido el tema y reto principal este 2026.
Porque después de años de trabajo interior finalmente construyes una versión de ti que funciona.
La fuerte.
La independiente.
La resiliente.
La exitosa.
La que ya puede sola.
La que aprendió la lección.
La que encontró su voz.
Y entonces la vida vuelve a tocar la puerta.
No para destruir esa versión.
Sino para preguntarle si está lista para evolucionar.
Porque incluso nuestras fortalezas pueden convertirse en prisiones.
Y las identidades más difíciles de soltar no son las que nos hicieron sufrir: son aquellas de las que estamos orgullosos.
Quinta muerte: Cuando muere quien creías que ibas a ser
Esta, en mi caso, ha sido una de las más difíciles y tardadas en sanar.
Y es que hay pérdidas que nunca ocurrieron...
Y aun así duelen.
La relación que imaginabas.
La familia que visualizabas.
La carrera que planeaste.
La ciudad donde pensabas vivir.
La versión futura de ti que estabas convencida que llegarías a ser.
A veces no lloramos el pasado.
Lloramos un futuro que jamás existió.
Y aun así necesita ser honrado.
Sexta muerte: Cuando muere la identidad espiritual
Esta es otra de las más difíciles de transitar...
Porque el ego ya no se presenta como sufrimiento.
Ahora se presenta como evolución.
Como consciencia.
Como sanación.
Como despertar.
Como sabiduría.
Como crecimiento.
Pero sigue siendo una identidad.
Sigue siendo una definición.
Y toda definición, por hermosa que sea, termina convirtiéndose en un límite.
Séptima muerte: Cuando dejas de preguntarte quién eres
Esta me encanta porque es la más expansiva de todas y la que te lleva a encarnar tu multidimensionalidad.
Porque ya no estás intentando encontrar tu identidad definitiva.
Ya no buscas una etiqueta que te explique.
Ya no necesitas elegir una sola versión de ti.
Comprendes que eres demasiado vasto para eso.
No eres únicamente la persona fuerte.
Ni la sensible.
Ni la emprendedora.
Ni la escritora.
Ni la viajera.
Ni la espiritual.
Ni la libre.
Ni la herida.
Ni la sanada.
Todas son ciertas.
Y al mismo tiempo, ninguna logra abarcar la totalidad.
Entonces las identidades dejan de convertirse en cárceles.
Y empiezan a convertirse en expresiones.
Y entonces llegan las fotografías
Porque ningún altar está completo sin ellas.
No honramos a nuestros muertos porque queramos traerlos de vuelta.
Los honramos porque reconocemos su contribución en nuestra historia.
Entonces dime... a caso no merecen nuestras versiones pasadas la misma gratitud?
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