Hay encuentros que no necesitan palabras para sentirse extraordinarios.
Anoche soñé con un ganso... pero no era un ganso cualquiera.
Tenía un plumaje hermoso, de un azul profundo combinado con blanco.
Era una criatura inusual, de esas que no pasan desapercibidas.
Yo estaba sentada en una banca cuando se acercó. No parecía necesitar nada de mi, ni estaba desesperado por encontrar refugio. Simplemente llegó tranquilamente hasta mis pies y se acomodó debajo de la banca junto a mi.
Me daba la impresión de que otras personas le buscaban, precisamente porque era tan extraordinario. Pero él estaba ahi conmigo. Sentía que me había elegido como su lugar seguro.
No recuerdo haber cruzado miradas con el, pero no hizo falta. Había una conexión que no necesitaba manifestarse de ninguna manera. Simplemente se sentía.
Recuerdo la fascinación que me producía su belleza y la sensación de que estaba viviendo un momento realmente especial que no sucede todos los días... pero lo admiraba de lejos, respetando su espacio.
No se si era de noche o muy temprano por la mañana pero aun estaba oscuro. Y en cuanto el primer rayo de sol iluminó el lugar todo se tornó aun mas mágico.
El ganso decidió salir de su "escondite". No solo me permitió tocarlo y cargarlo, sino que abrió sus alas mostrando una belleza aun más hipnotizante: su plumaje iridiscente, cuyas tonalidades azules brillaban con la luz.
En ese momento me sentí la mas afortunada del mundo. Comprendí que se había sentido tan seguro a mi lado que no había dudado en mostrarse completo.
La magia de mostrarse por completo
Hay algo profundamente contradictorio en el deseo de ser elegido y, al mismo tiempo, sentir que debemos ocultar partes de nosotros para conseguirlo.
Aprendemos a moderar nuestra intensidad, a suavizar nuestras diferencias, a disimular aquello que nos hace unicos. A veces incluso terminamos confundiendo adaptación con aceptación.
Pero qué sentido tiene ser elegido si, para conseguirlo, tienes que esconder precisamente aquello que te hace ser tú?
Qué clase de reconocimiento es ese en el que solo puedes mostrar una versión reducida de quien eres?
Y pensar que así viví por tantos años... 🫠
Tu magia no debería ser el precio que tengas que pagar para pertenecer.
Y tampoco tienes que convertir tu singularidad en una demostración constante. No se trata de convencer a nadie de que tus colores son extraordinarios. Se trata de dejar de esconderlos.
No todo el mundo sabrá apreciarlos. No todo el mundo comprenderá lo que ve. Y eso también forma parte de la libertad de cada quien.
La reacción de alguien ante tu luz no determina el valor de lo que eres.
La libertad de quedarse
Hay una diferencia enorme entre quedarte porque no puedes irte y quedarte porque eres libre de hacerlo.
A veces hablamos de libertad como si fuera lo opuesto al compromiso, a la intimidad o a la conexión. Como si elegir tu independencia significara renunciar a compartir tu vida con alguien.
Lo vemos así por el tipo de relaciones que hemos normalizado: relaciones donde confundimos conexión con posesión, compromiso con renuncia y amor con la necesidad de tener al otro cerca.
Pero esa no es la unica forma de entender la libertad.
Existe otra posibilidad. Una donde dos seres pueden acercarse sin necesidad de poseerse, completarse o limitarse.
No porque se necesiten para sentirse enteros, ni porque tengan miedo de estar solos y mucho menos porque uno tenga que renunciar a sus alas para que el otro se sienta seguro.
Sino porque, aun teniendo la libertad de irse, encuentran algo que hace que quieran quedarse.
La elección que nace de la libertad tiene una naturaleza distinta. No es una obligación disfrazada de amor ni dependencia confundida con pertenencia.
Es una decisión.
Y esa fue precisamente la decisión del ganso: aun teniendo alas y pudiendo irse en cualquier momento, eligió quedarse.
La confianza de revelar tu magia
Hay algo en el sueño que me parece fascinante: el ganso no mostró sus plumas iridiscentes desde el principio.
Primero se acercó. Se aseguró de que estaba en un espacio seguro y tranquilo. Y cuando llegó la luz, decidió salir de su escondite y desplegar sus alas.
No tuvo que hacerlo para ser aceptado ni necesitó exhibir su belleza para conseguir un lugar a mi lado.
Simplemente se sintió tan respetado que se mostró por decisión propia.
Y ahí reside otra dimensión de la confianza: poder revelar aquello que nos hace extraordinarios sin sentir que tenemos que protegerlo de la mirada del otro.
Porque mostrar tu magia también implica vulnerabilidad. Cuando dejas de esconder tus colores, dejas de controlar cómo serán recibidos.
No sabes quién los reconocerá, quién se sentirá atraído por ellos, quién no los comprenderá o quién preferirá mirar hacia otro lado.
Y no puedes decidir por los demás....
Pero sí puedes decidir no traicionarte para hacerte más fácil de aceptar.
Y también puedes aprender a recibir la singularidad de otros sin intentar reducirla a algo que te resulte más cómodo.
Porque amar la libertad de otro significa aceptar que sus alas le pertenecen.
La transmisión
Hay algo más que me dejó este encuentro: el ganso no necesitó abrir sus alas para ser extraordinario. Su magia ya estaba ahí, incluso cuando nadie podía verla.
La luz no lo transformó. No le añadió nada. Simplemente reveló lo que siempre había sido.
Y esto me hace pensar...
Cuántas veces has intentado modificar tu esencia para que otros puedan reconocer tu valor?
Cuántas veces has bajado el volumen de tu voz, escondido tus colores o disimulado aquello que te hace diferente para no incomodar, no intimidar o no parecer «demasiado»?
Y, del otro lado... cuántas veces has intentado hacer que alguien más sea menos de lo que es para que su presencia te resulte más fácil de sostener?
El problema nunca fue que tu magia fuera demasiado intensa. Talvez estabas intentando mostrarla en lugares que no tenían la disposición para verla.
Pero tampoco necesitas pasar la vida esperando que alguien te ilumine para descubrir lo que eres.
No necesitas permiso para desplegar tus alas. No necesitas que alguien reconozca tu magia para que sea real. Y definitivamente no necesitas domesticar la magia de nadie para sentirte a salvo.
Porque reconocer lo extraordinario en otro ser no debería despertar la necesidad de poseerlo, reducirlo o cambiarlo.
Debería permitirte contemplarlo en toda su magnitud.
Esa es una de las formas más extraordinarias de encontrarnos: sin tener que dejar de ser quienes somos.
Que nunca tengas que esconder tus alas para pertenecer. Y que nunca tengas que cortar las de nadie para que elija quedarse.
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