Santa o Grinch? A quién necesitas mas este año?

December 24, 2025by Buholistikin Vida sin piloto automático

Cada diciembre la misma historia.

Listas de deseos. Propósitos. Metas. Cosas que quieres. Cosas que “necesitas.” Cosas que te convenciste de que te faltan para por fin sentirte completo.

Y Santa, el eterno proveedor, listo para traer más.

Más cosas. Más compromisos. Más expectativas. Más peso disfrazado de regalo.

Pero, y si este año en vez de enfocarte en lo que te falta te enfocaras en lo que te sobra?


El Grinch no odiaba la Navidad. Odiaba el teatro.

El exceso disfrazado de tradición. La sonrisa obligatoria. El “todo está bien” cuando claramente no lo está. El ruido que nadie cuestiona porque así se ha hecho siempre.

Y un día decidió llevárselo todo.

No pidió permiso. No esperó el momento adecuado. No hizo un ritual de soltar con velas y journaling. Simplemente lo quitó.


Lo que el Grinch se llevó de mi vida hace años

No voy a romantizarlo. No fue un proceso bonito pero lo que se llevó me cambió mas que cualquier cosa que haya recibido:

1. La culpa por priorizar mi paz. La solté. Ya no me disculpo por proteger mi tiempo, mi energía, mi espacio. Si eso me hace “difícil” para algunos, está perfecto. Que busquen a alguien más fácil de invadir.

2. La necesidad de ser entendida por todos. No todos van a entenderme. Y está bien. Entendí que mi voz no es para todos sino para los que están listos. El resto, que siga su camino.

3. Las metas que no eran mías. Perseguí cosas porque “se supone” que debía quererlas. Éxito que no definí yo. Logros que impresionaban a otros pero me vaciaban a mí. Todo eso se fué.

4. El “sí” automático. Decía que sí por miedo a decepcionar, a perder oportunidades, a que pensaran mal de mí. Ahora cada “sí” es intencional. Y cada “no” también.

5. La versión de mí que otros necesitaban que fuera. Esa máscara pesaba más que cualquier fracaso. Ahora soy quien soy desde mi verdad.

6. La prisa por llegar. ¿Llegar a dónde? ¿A qué? Solté la urgencia de demostrar que iba rápido. Ahora voy a mi propio ritmo. Y sabes qué es lo mas sorprendente? que llego más lejos. Go figure!

7. El permiso de otros para avanzar. Nadie me lo iba a dar. Nadie me iba a decir “ya estás listo.” Dejé de esperar y empecé a decidir.

Eso se llevó el Grinch. Sin pedirme permiso. Sin preguntarme si estaba lista.

Y honestamente, es lo mejor que me pudo pasar.


Lo que el Grinch se llevaría de tu vida (si dejaras de defenderlo)

Aquí es donde se pone incómodo.

Porque todo lo que vas a leer, ya lo sabes. No es nuevo. No es revelador. El problema es que lo sigues protegiendo.

Le pones nombres bonitos. Lo justificas. Lo disfrazas de virtud.

Y mientras tanto, te sigue pesando.

Recuerda que todo esto lo sé porque yo estuve ahí.


La necesidad de caerle bien a todo el mundo

“Es que yo soy buena gente.”

No. Tienes miedo al conflicto. Tienes miedo a que alguien hable mal de ti. Tienes miedo a ocupar espacio y que alguien piense que es demasiado.

Entonces dices que sí cuando quieres decir no. Te muerdes la lengua. Reduces tu opinión para que quepa en la comodidad de otros.

Y lo llamas “ser buena persona.”

El Grinch se lo llevaría en dos segundos. Pero tú lo cuidas como si fuera una virtud.


El perfeccionismo disfrazado de “estándares altos”

Tienes miedo a que te critiquen. A que encuentren un error. A que alguien diga que no es suficiente.

Entonces no publicas. No lanzas. No empiezas. O empiezas y nunca terminas porque “todavía le falta.”

Mientras tanto, vives con la frustración de ver gente con la mitad de tu talento que ya está allá afuera haciendo ruido. Imperfectamente pero lo está haciendo. Sin pedir permiso.

El Grinch te quitaría el perfeccionismo y te dejaría con algo aterrador: la responsabilidad de actuar sin excusas.


El agotamiento como prueba de que estás haciendo lo suficiente

“Es que estoy muy ocupado.”

Lo dices como queja, pero en el fondo te gusta. Porque si estás agotado, significa que estás trabajando duro. Y si estás trabajando duro, nadie puede decirte que no lo estás intentando.

Reconoces el ciclo?

Pero estar ocupado no es lo mismo que ser productivo. Y estar agotado no es lo mismo que estar avanzando.

El Grinch te quitaría la agenda inflada y te dejaría con tiempo. Y eso te aterra. Porque entonces tendrías que decidir qué hacer con él.


Las relaciones que “no están tan mal”

“Es que también tiene cosas buenas.”

Claro. También un incendio tiene luz. Eso no significa que te conviene quedarte adentro.

Hay relaciones (de pareja, de amistad, profesionales) que no te destruyen abiertamente. Solo te drenan lentamente. Te dejan sintiéndote un poco menos tú cada vez que interactúas.

Pero como no hay un evento dramático, no hay “razón suficiente” para irte.

El Grinch no necesita razones. Él ve lo que sobra y lo quita. Tú sigues buscando permiso para soltar lo que te pesa.


La idea de que “algún día” las cosas van a cambiar

“Es que estoy trabajando en eso.”

¿Desde cuándo? ¿Cuántos eneros llevas diciendo lo mismo?

“Algún día” es la mentira más elegante que te cuentas porque te permite no cambiar nada hoy mientras te sientes bien porque eventualmente lo harás.

No hay “algún día.” Solo hay hoy. Y hoy elegiste exactamente lo mismo que ayer.

El Grinch no cree en “algún día.” Él actúa ahora. Sin permiso. Sin esperar a que las condiciones sean perfectas.


La narrativa de que “así eres tú”

“Es que yo soy así.”

La excusa favorita de quien no quiere cambiar.

“Soy impuntual.” “Soy desorganizado.” “Soy intenso.” “Soy malo para los límites.”

Lo dices como si fuera un hecho inmutable. Como si estuviera escrito en piedra.

Pero la verdad es más incómoda: no “eres” así. Eliges ser así. Cada día. Cada vez.

El Grinch te quitaría la narrativa cómoda y te dejaría con la verdad: puedes cambiar el momento en el que decidas que el costo de seguir igual es mayor que la incomodidad de cambiar.


La diferencia entre Santa y el Grinch

Santa te pregunta qué quieres. El Grinch te muestra qué sobra.

Santa te da lo que pides. El Grinch te quita lo que no te atreves a soltar.

Santa espera a que te portes bien. El Grinch no espera nada. Actúa.

Santa es cómodo. El Grinch es necesario.


Nadie va a venir a quitarte lo que te pesa

Esa es la verdad que nadie quiere escuchar.

No hay Grinch real que vaya a entrar a tu vida y llevarse la culpa, las relaciones que drenan, los compromisos que no quieres ni las metas que no son tuyas.

Nadie va a venir a salvarte de ti mismo.

O lo sueltas o lo cargas. No hay tercera opción. No hay “poco a poco.” No hay “cuando esté listo.”

Hay hoy. Hay esta decisión. Hay este momento en que lees esto y sabes exactamente qué necesita irse.


La decisión final

Ya teniéndolo todo un poco mas claro, te vuelvo a preguntar:

Santa o Grinch? A quien necesitas mas este año? Te leo en los comentarios

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